lunes, 20 de abril de 2009

Tecnopato en España - Fuerteventura

Tras los carnavales, Honorato estaba agotado. Necesitaba un descanso y pensó en ir a relajarse a las grandes playas de Fuerteventura. ¿Qué mejor forma de relajarse que tomando el sol en una inmensa playa paradisiaca?

Honorato no se lo pensó dos veces, hizo la reserva por internet y le dijo a Birria que no se olvidara de regar las plantas en los días que él iba a pasar fuera. Birria se desilusionó un poco, porque entendió que él no estaba invitado a ese viaje, pero aún así, se lo preguntó a Honorato:

B - Oye, Honorato, ¿eso quiere decir que yo no estoy invitado al viaje?
H - ¡¡ Pues claro que no !! ¿Qué te hace pensar que puedes viajar conmigo?
B - No se...es que es un sitio ideal para mi, por el clima. Esas playas son como desiertos.
H - Desierta te voy a dejar yo la cara si sigues diciendo tonterías. Yo voy a relajarme, no a estar pendiente de niñatos, así que aquí te quedas. No te olvides de regar las plantas.
Y dicho esto, partió hacia el aeropuerto.

Nada más llegar a Fuerteventura, fue al hotel, se cambió y fue a darse un baño en la playa. "Qué sensación tan agradable", decía Honorato mientras el sol doraba su pálido cuerpo. Se pasó horas en la playa y al día siguiente, lo mismo.

Unos días más tarde, Honorato ya se había relajado, estaba tranquilo y contento. Le apetecía ir a tomar algo y aprovechando que era sábado por la noche, decidió dar una vuelta por los bares de Corralejo.
Llegó a un sitio que se llamaba La Dorada. Era un ambiente genial, con buena música y un sitio seguro, pues justo en frente se encontraba el cuartel de la Guardia Civil.

Honorato fue a la barra y se pidió la primera copa de la noche para entrar en ambiente. Toda la música que sonaba, le gustaba y se decidió a bailar. La música le recorría las entrañas y tras varias horas y unas cuantas copas, Honorato ya empezaba a ser el centro de atención. De pronto, sintió la necesidad de comenzar a agitarse compulsivamente y fue justo en ese momento cuando Honorato se convirtió en... ¡¡¡ TECNOPATO !!!

Todos bailaban con él, le tocaban, le besaban, todos gritaban, el desfase era total. Tanto fue así que se superó con creces el límite de decibelios y la Guardia Civil, intervino inmediatamente. Se percataron de que Tecnopato había sido el causante de semejante jaleo y lo llevaron al cuartelillo.

Pero Tecnopato seguía con ganas de fiesta, solo quería bailar y bailar. Comenzó a agitarse cada vez más fuerte, hasta que hizo temblar las paredes y éstas se resquebrajaron, dejando el hueco suficiente para que Tecnopato pudiera escapar.

"Ahora se van a cagar, les voy a robar el barco a esos picoletos y me vuelvo a Tenerife", dijo Tecnopato. Y así lo hizo, entró en el barco, golpeó a los que estaban de guardia y partió rumbo a su isla. Puso el piloto automático y se quedó dormido.

Cuando despertó, volvía a ser Honorato.

¿Esto qué es? ¿qué hago aquí?, dijo Honorato al ver dónde estaba. Se dió cuenta de que algo malo había hecho y aprovechando que ya estaba cerca de la costa de Tenerife, se lanzó al agua y fue nadando hasta la playa.

Cuando llegó a casa, comprobó que Birria había regado bien las plantas, tal y como él le había dicho y se fue a la cama, pensando que había sido una buena fiesta, aunque no la mejor.