martes, 13 de enero de 2009

De guachinches

Honorato llevaba tiempo pensando en ir de guachinches. Estaba harto de ir a restaurantes finos, donde le servían platos con paté de foie y disimulaba deciéndole al maître que felicitara al chef por los exquisitos alimentos que había preparado. En realidad, lo que a él le gustaba eran las papas con mojo, las chuletas, un buen plato de garbanzas y un vinito de la casa, así que decidió coger rumbo a La Orotava, donde había un discreto guachinche del que había oído hablar.

Por supuesto, Birria quiso apuntarse al evento, pero Honorato tuvo algo más que palabras con él. El pobre Birria no era merecedor de tal palcer y por eso tuvo que quedarse solo en casa.

Cuando Honorato llegó al lugar, estaba muy contento, por fin iba a comer comida "de verdad". Pidió un poco de todo para saciar bien su apetito, pero algo increible ocurrió cuando probó el mojo. Un incontrolable deseo de agitarse compulsivamente le recorría todo el cuerpo y en un instante Honorato se convirtió en... Tecnopato.

Inmediatamente una gran fiesta se formó a su alrededor, había mucha gente y mucha música. Fue una fiesta inolvidable para Tecnopato.

Cuando se le pasaron los efectos del mojo, todo volvió a la normalidad. Honorato volvió a casa, donde le esperaba Birria, ansioso por saber cómo lo había pasado, pero Honorato no le dijo nada. Simplemente se acostó, pensando en las próximas aventuras que iba a vivir.




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