martes, 10 de marzo de 2009

Tecnopato en carnaval - Santa Cruz de Tenerife

La siguiente fiesta que tenía Honorato preparada, no le iba a salir muy cara, pues se encontraba en este mismo lugar, Tenerife, y se trataba nada más y nada menos que de los carnavales.

Honorato llevaba tiempo deseando que llegaran estas fechas y ya tenía preparados los disfraces. Birria había oído hablar tanto a Honorato sobre esta fiesta, que también estaba ansioso por salir.

Incluso llegó a decirle a Honorato que se hicieran un disfraz juntos para ir iguales. Pero eso no gustó mucho a Honorato y le dijo que ni pensarlo, que quién le había dicho a él que podía salir en carnavales. Los carnavales eran para divertirse, no para aguantar boberías de nadie y él no estaba dispuesto a dejarse acompañar por semejante birria.

Cuando llegó el día de salir, Honorato se puso su disfraz de peluche y fue, como es típico, a comprar el Arehucas en "El Palmero". La impresión no fue muy grata. Cientos de personas apelotonadas y media hora para conseguir que te atiendan, pero bueno, al final logró hacerse con el preciado oro líquido.

Luego bajó caminando hasta la Plaza de Weyler, acoplado a un grupo de gente y echándose ya la primera copa para ir entrando en ambiente.

Más tarde, cuando llegó allí y vió tal cantidad de gente, Honorato emepzó a ponerse nervioso, vió que en carnavales todo valía y entonces, al tomarse su sexta copa, empezó a agitarse compulsivamente y se convirtió nuevamente en Tecnopato. De pronto, un incontrolable deseo de hacer todo tipo de cosas, recorrió todo su cuerpo, emepzó a vacilar con todo el mundo, a saltar, se metió en una fuente e incluso trepó a un árbol. Luego bajó por la calle del Castillo, cantando "Chicharrero de corazón" con sus nuevos amigos y cuando llegaron a la calle San José, lo dió todo. Bailó, gritó, ligó y hasta perdió el disfraz.

Tecnopato, pensó que las 9 de la mañana, ya era una hora aceptable para volver a casa, así que se comió unos churros con chocolate y cogió el tranvía hasta su casa.

Al día siguiente, Honorato despertó con una gran resaca y juró no volver a comprar ron en el Palmero. Sospechaba que le podía haber vendido garrafón. Pero bueno, eso es lo que dice todo el mundo cuando está de resaca. Luego meditó un poco sobre lo que había pasdo la noche anterior y se dió cuenta sin ninguna duda de que esta había sido la mejor fiesta por el momento.


Evidencia del hecho

2 comentarios:

  1. ¡Qué bien acompañado estuvo Honorato en los Carnavales! ...no me extraña que no quiera salir con el pobre Birria..me da penita, está marginado...¡Habrá que llevarlo a alguna fiestita también! :-P

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