lunes, 26 de octubre de 2009

Tecnopato en Inglaterra - Londres

Tras unos días de descanso, después de las vacaciones de verano, Honorato pensó que si lo que quería era encontrar la verdadera fiesta, no podía quedarse en casa tan tranquilo. Tenía que viajar a algún sitio especial. Estuvo barajando varios destinos y al final se decidió por Londres.
Pensó que debía organizarlo todo bien, para compaginar la fiesta con el turismo y para ello estuvo buscando información por internet y se hizo un planning del viaje.


Una vez hecho esto, Honorato hizo las maletas y cuando iba a salir para ir al aeropuerto, Birria se percató y fue corriendo hacia la puerta.

B.- ¿Dónde vas, Honorato?
H.- Me voy a Londres, vuelvo en 10 días.
B.- ¿Y por qué no me avisaste? Sabes que yo siempre he querido ir a Londres.
H.- A estas alturas, ¿todavía piensas que debo avisate para ir de viaje?
B.- ¡¡¡ Pues claro !!!
H.- ¿Y quién va a regar las plantas y limpiar la casa mientras no estamos?
B.- No hace falta, hombre.
H.- ¿Qué?¿?¿? Desde luego, no mereces vivir, por eso no te llevo conmigo a ningún sitio. Adiós.

Honorato dió un portazo y se fue al aeropuerto.

Una vez que llegó a Londres, se alojó en el hotel y salió a dar un paseo caminando. Vió sitios muy binitos, como Picadilly Circus, el Palacio de Buckingham, el Londno Eye, el Big Ben, la Abadía de Westminster, las típicas cabinas rojas, etc.


Al día siguiente, tenía previsto visitar algunos museos, como el museo de Historia Natural, o el Museo Británico. En este último se quedó maravillado con las esculturas egipcias robadas que se exhibían. Eran asombrosas.


Honorato aún no había salido de fiesta, así que llamó a unos amigos que vivían en Londres y quedó con ellos en Regent's Park. Se sacaron algunas fotos en el parque y luego fueron a comer a un restaurante mejicano. La comida picante, le recordó al mojo picón y de repente, comenzó a agitarse compulsivamente, convirtiéndose una vez más en Tecnopato.

Salieron todos del restaurante, con la clara intención de armarla esa noche y así fue. Lástima que al día siguiente, Honorato no recordara mucho. Aún así, tuvo la sensación de que las fiestas de Londres eran muy buenas y se quedó satisfecho.



Honorato tenía una entrada para subir al London Eye y aprovechó sus últimas horas en Londres para subir y ver el magnífico paisaje que se veía desde esas alturas.

Al volver a casa, Honorato recordó que seguía enfadado con Birria y no le dirigió la palabra durante semanas. Tiempo en el que estuvo organizando otros viajes, solo por darse el placer de no llevar a su compañero de piso con él.

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